Facebook Twitter Google +1     Admin

¿Una isla española en Micronesia?

Pues aunque cueste de creer no solo hay una, son varias las islas que según los acuerdos internacionales serían consideradas territorio nacional de España.

El origen de esta situación se remonta a finales del Siglo XIX, una vez perdidos la mayor parte de los territorios de América, Cuba, Filipinas y Puerto Rico, poco le quedaba a nuestro país en ultramar, apenas los archipiélagos de Palaos, Marianas y Carolinas (todos en Micronesia). Con numerosos problemas internos en la metrópoli, sin un centro administrativo desde el que controlarlas y explotarlas, y sin posibilidad de defender la soberanía de estos territorios (una vez perdida la flota del Pacífico en la batalla de Cavite), España decidió vender estas remotas y deshabitadas islas. La transacción se realizó con Alemania, segunda potencia mundial de la época e interesada en mantener una flota militar en la zona.

 

Sin embargo, ya en el siglo XX, un abogado del estado descubrió que se habían pasado por alto varias islas que, teóricamente, seguirían bajo la soberanía nacional. Según los archivos existen cuatro islas (o grupos de islas) que fueron descubiertas por Hernando de Grijalba en 1.537 e incorporadas a los territorios de ultramar, aunque no pertenecen a los archipiélagos de Carolinas ni de Marianas, es decir, no fueron transferidas a Alemania, por lo tanto seguirían siendo españolas.

La delicada cuestión llegó a ser causa de un específico consejo de ministros presidido por Franco, pero dado que en aquellos momentos España tenía otros problemas más acuciantes que solucionar, se decidió postergar la cuestión, y así parece que ha continuado hasta nuestros días (tal vez ahora tampoco sea el mejor momento para plantearlo).

Los territorios en cuestión son: Os Guedes (Iles Mapia), Coroa (Rongerik atoll), Pescadores (Kapingamarangi en el idioma local, atolón con 33 islotes y 300 habitantes) y Matador (Ocea, actualmente un montículo submarino sumergido, probablemente considerado fondo marino internacional como consecuencia de la subida del agua).

Nos sorprendió aprender esto buscando información sobre Micronesia, del mismo modo que supongo que os sorprenderá a vosotros; tratamos de encontrar las ubicaciones exactas, pero sin internet, rebuscando entre la miríada de impronunciables nombres que contiene la cartografía, fue imposible, lo dejamos como una anécdota más a explorar.

Sin embargo la situación tuvo un giro radical el día 17. Nuestro avance hacia el norte estaba siendo más complicado de lo previsto, una vez se acabó el buen viento del Noroeste que nos acompañó desde Papúa Nueva Guinea Eolo se tornó caprichoso e inestable, y si se establecía era de componente Norte, justo en contra.

Esto incluso se agravó tras cruzar el Ecuador el día 15 (por cierto, ya estamos en el Hemisferio Norte de nuevo, es como estar un poquito más cerca de casa, aunque la mayor parte de la navegación que todavía nos queda seguirá transcurriendo en el Hemisferio Sur), nos pasó casi lo mismo que cuando lo cruzamos la primera vez, en junio de 2010, una sucesión de calmas totales con tormentas que llevan fuertes ráfagas durante un rato.

Si el chubasco esta ya bien formado el fuerte viento le precede, luego llueve torrencialmente y después desaparece; si está en proceso de maduración es al revés, primero ausencia de viento, lluvia y luego rachas infernales, total, que te pasas el día izando y arriando velas, y a pesar de ello en numerosas ocasiones acabas completamente empapado después de haber salido corriendo para soltar velas o tomar el timón a mano después de un buen susto y revolcón.

Estando así las cosas, lo más inteligente era desplazarnos mucho más hacia el Este, a la espera de que los vientos predominantes (Noreste) se establecieran y nos permitieran navegar de un bordo en dirección a Chuuk, primer destino en Micronesia. Mientras planificábamos el recorrido nos encontramos con una agradable sorpresa: Kapingamarangi, el principal territorio de la posible Micronesia española, se situaba a 180 millas al Este, todo encajaba para ir a hacer una visita al territorio nacional, nos miramos y no lo pensamos mucho, pusimos proa al atolón, la parada también nos serviría para solucionar un problema en el génova que nos impedía ceñir correctamente (el último segmento del enrollador se había soltado y por lo tanto no podíamos dar tensión de driza).

El día 18 de madrugada estábamos allí, tuvimos que esperar varias horas al pairo hasta tener luz suficiente, la cartografía apenas proporciona información. El paso es estrecho y sinuoso, y no teníamos datos de su profundidad, de modo que hicimos una exploración previa con la auxiliar para garantizar que podíamos entrar; era posible, pero no sencillo.

Su lagoon es poco profundo y plagado de cabezas de coral, tras dos intentos lo conseguimos y fondeamos frente al islote situado en su extremo Sudeste, una preciosidad, rodeado de una playa de arena blanca y frondosa vegetación, me gusta esta parte de España ;-)

El jefe del poblado nos hizo una visita, no le dijimos nada de que veníamos a tomar posesión en nombre del Gobierno Español, porque ni teníamos el mandato ni sabíamos cómo se lo iba a tomar. Eso sí, la primera medida urgente que habría que implantar es poner algún bar con cerveza fresca y unas tapas, porque no sabéis el calor que hace, si no hay brisa no se puede estar más que dentro del agua.

Lástima que no pudimos parar más que unas horas, el tiempo justo de descansar un rato, bucear en su barrera de coral, reparar el génova, comer y levar ancla antes de que el sol bajara y no mostrara claramente los peligros bajo el agua en las proximidades del paso.

Bonito paisaje el del atolón de Pescadores, de forma casi circular y unas 6 millas de diámetro, jalonado con una hilera de islotes con compacta vegetación en la mitad Este y arrecife que encierra su lagoon en la mitad Oeste. Su situación es bastante remota, a unos 400 Kilómetros del atolón más cercano (inferior en tamaño y población) y a 800 del núcleo de población más importante de la zona (Chuuk o Pohnepi).

A falta de conocer las otras islas, sin duda serían una gran aportación a la belleza de nuestro país, aunque dudo que algún día se lleve a cabo formalmente, como mínimo sería económicamente complicado.

Sea como sea, la idea de la Micronesia española no deja de ser romántica y exótica, pocos podrán tendrán la oportunidad de conocerla, me hace sentir un auténtico privilegiado.

Sed felices

Kike

http://blog.aventuraoceanica.es/?p=1482

Comentarios » Ir a formulario

No hay comentarios

Añadir un comentario



No será mostrado.



Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris