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Secuestrados por orden del padre superior.

Si no fuera porque transcurre en Italia esta historia sería inverosímil, pero apenas se conocen los detalles todo resulta de lo más familiar y uno ya se cree cualquier cosa. Es algo así: el superior de una histórica orden religiosa de cuatro siglos, los Camilos o Camilianos, teme no ser reelegido en el cargo porque tiene los votos justos, pero eso no puede ser porque perdería el control de los chanchullos financieros de la congregación, así que planea con dos policías amigos suyos un falso arresto que aleje unas horas, durante la votación, a los dos frailes hostiles que pueden arruinarle el triunfo. Los dos pobres monjes se pasaron una tarde entera en comisaría, seis horas de interrogatorio, hasta que les dejaron marchar. Esto fue en mayo. Al superior, Renato Salvatore, de 58 años, la treta le salió bien y siguió mandando… hasta el miércoles (es el chico de la foto). Fue arrestado en Roma por secuestro junto a los dos agentes, los dos chóferes de los frailes y el empresario que ideó todo, porque temía perder jugosos contratos y la gestión de los hospitales de la orden.

 

Quién sabe si cuando Francisco haga limpieza dejarán de pasar estas cosas en la telaraña de cotos de poder de la Iglesia italiana y con esos curas golfos que aparecen de vez en cuando, pero de momento ofrecen aventuras novelescas irrepetibles. Es una pena para los Camilos, la insigne orden fundada en 1582 por San Camillo de Lellis, una de las más antiguas y dedicada al cuidado de los enfermos, presente en 30 países y al frente de numerosos hospitales. Desempeñan una labor encomiable, pero como denuncia el propio Papa, entre los que mandan en la Iglesia hay quienes han degenerado en meros gestores de organigramas y dinero. Basta ver a lo que se ha llegado en este caso, un entramado italiano más de poder, negocios y corrupción.

Salvatore, que además es representante pontificio ante la Organización Mundial de la Salud (OMS) en Ginebra, fue detenido en la sede de la orden en Piazza della Maddalena, de 4.000 metros cuadrados y situada en lo más lujoso del centro de Roma. El empresario que tramó el secuestro de pega se llama Paolo Oliviero, conocido ya por sonados escándalos de corrupción en Italia, pero que aún así gestiona un imperio de hospitales de la orden en la región de Nápoles y en Sicilia. Gracias a sus relaciones con el padre superior había obtenido contratos de construcción y reestructuración en centros de los Camilos, por eso no quería perder el chollo.

Los dos agentes implicados pertenecen a la Guardia di Finanza, cuerpo teóricamente dedicado a combatir los delitos financieros, pero en su casa han encontrado relojazos caros y decenas de miles de euros en contante de origen desconocido. Hasta los dos frailes secuestrados tendrían algo que esconder y con ese pretexto les llevaron a comisaría. Uno habría organizado cursos de formación sanitaria ficticios para llevarse los reembolsos públicos y poseería dos chalés a nombre de una farmacéutica de la zona con la que se sospecha que tiene un lío. El otro sacaba pasta de otro hospital y decía que era dinero para misiones en Benin. En resumen, mangoneaban como el superior, pero en un bando enemigo. La Orden de los Ministros de los Enfermos es un desorden y los enfermos son los propios ministros.

(Publicado en El Correo)

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