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La parroquia que cerró su banco de alimentos… ¡Porque atraía a los pobres!

Del dicho al hecho, hay un trecho. Salvo que te pierdas por el camino, como les ha ocurrido a ciertos fieles de la Unity Church. En esta congregación cristiana parecen tener clara la teoría: siguen los preceptos que marca la Biblia, o al menos así aseguran hacerlo en su página web. Lo complicado es llevar a la práctica aquello que rezan – nunca mejor dicho – las Sagradas Escrituras. Ahí es donde reside el intríngulis.

Si mal no recordamos, “dar de comer al hambriento” y “dar de beber al sediento” son dos de las obras de misericordia que recoge la Biblia. Cierto, ¿no? Dos preceptos que dejan poco espacio a la imaginación y, menos aún, a una segunda lectura. Si ves a alguien que tiene hambre, dale algo que llevarse a la boca; si ves a alguien que tiene sed, ofrécele algún brebaje para humedecer el gaznate.

Pero hay gente que se ahoga en un vaso de agua. Como ocurrió en la comunidad Unity Truth Centre de la ciudad de Winnipeg, en Canadá, donde aún tiene que despejar ciertas dudas en torno a este par de bíblicas encomiendas. De hecho, tras un tiempo cumpliendo como buenos samaritanos, gestionando un banco de alimentos para alimentar a los que no tienen nada, la situación dio un giro inesperado.

En sus fundamentos filosóficos leemos lo siguiente: “estamos aquí para dar un ejemplo positivo y ser un modelo a seguir por los demás. Estamos aquí para hacer del mundo un lugar mejor”. Sí, de acuerdo. Hasta ahí todo correcto. Pero, si sabéis inglés, ya habéis leído lo que contaron posteriormente los periódicos: la congregación decidió cerrar su banco de alimentos.

¿Por qué? Por nada. Porque atraía a “demasiada gente pobre”. Vaya por Dios… Un banco de alimentos al que acuden los necesitados. Qué perturbador. Menos mal que, tras un tiempo vaganado sin rumbo por el sendero de la vida, un nuevo ministro llegó para poner orden en la congregración y recordar a sus feligreses que allí estaban para realizar actividades más relacionadas con la iglesia. Vamos, que había que ponerse las pilas con el temario espiritual y dejarse de atender a los sintecho.

Charlotte Prossen – así se llama el iluminado – llegó a decir que la presencia de gente pobre a las puertas del banco de alimentos estaba generando “malestar social en la iglesia”. Es más, no contento con ello, amparó su cierre con argumentos de peso como este: “Un banco de alimentos es un servicio social y eso no es lo que somos”. Y, por si aún quedaba títere con cabeza, añadió: “la mayoría de los visitantes de los bancos de alimentos no ha adquirido aún un sentido de la responsabilidad personal en la vida. Aún están instalados en la negación, culpan a otros o creen que el mundo les debe algo a ellos”.

Así obró Prossen, completamente al margen de los principios de su congregación, que afirman que “todas las personas son inherentemente buenas”. Indigentes, podéis ir en paz.

http://blogs.republica.com/republica-insolita/2014/04/07/podeis-ir-en-paz/

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